ESTAMBUL: MISMO CRIMEN, DISTINTO RASERO

Desde el ruin y cobarde atentado terrorista perpetrado contra periodistas gráficos del semanario satírico francés Charlie Hebdo, el mundo cibernético adoptó la costumbre, solidaria en algunos casos, meramente modista y abiertamente selectiva en otros, de colgar como foto del perfil de Facebook la bandera del país donde tiene lugar algún crimen de esa naturaleza, o incluso de escribir algunas líneas de condena y repudio a los aborrecibles ataques genocidas. No obstante, es notorio que tal solidaridad y simpatía para con las víctimas y sus deudos, y tal indignación y censura contra los abyectos asesinos, no siempre aparecen en las redes sociales. Palmario ha sido el mutis hecho en casos como el reciente atentado perpetrado contra usuarios del aeropuerto Atatürk, de Estambul, Turquía, por quienes ayer se llenaban la boca de injurias y vituperios contra los atacantes del teatro Bataclan, en París, Francia, por ejemplo. Pero tal silencio en que incurren tales jueces de doble rasero e ideologizadas vísceras no solo se limita a las tragedias acaecidas en el ámbito internacional, sino que se hace presente en relación con aquellas que tienen verificativo en el contexto doméstico.

En México, por ejemplo, patria y sede de esta modesta casa de comunicación y difusión cultural, ha habido quien, en el colmo de la insensatez y la inconsecuencia, despotricó contra los energúmenos que, a punta de bala y muerte, han provocado uno de los mayores éxodos humanos que se recuerde en la nación siria, pero que negó su solidaridad, abierta y expresamente ―créase o no―, contra los muertos de París o de Orlando, por ejemplo, o de plano calló inhumanamente, desvergonzadamente respecto de atrocidades  análogas, como los crímenes cometidos por las fuerzas públicas y armadas del Gobierno federal mexicano contra estudiantes normalistas, periodistas, maestros y población civil en Iguala, Tlatlaya, Ciudad de México, Veracruz, Nochixtlán y una lista infinita de entidades federativas donde la gente es asesinada o desaparecida diariamente por las propias corporaciones castrenses y policiacas, justificando incluso, en no pocas ocasiones, el empleo de la violencia irracional y atrabiliaria.

La cultura egoísta, de abierta competencia y cero solidaridad social, inculcada por el capitalismo industrial o neoliberalismo en las actuales sociedades de consumo ha provocado que, en ciertos sectores crecientes de la población, la humana e instintiva pulsión de compañerismo, empatía, afinidad, condolencia y camaradería entre seres y hermanos de la misma especie con que nacemos desaparezca o termine dependiendo de nuestras filias y fobias introyectadas, como son el racismo, la religión, el maniqueísmo politiquero, productos todos de la reificación, la manipulación y la desinformación, es decir, de la estupidez y la ignorancia.

Hoy, aquí en TUOT, nos alarma esa doble moral con que puede juzgarse un mismo homicidio. No entendemos, o sí, pero no aceptamos que un mismo cerebro y un mismo corazón puedan sentir pena y rabia frente al asesinato de un inocente y, a un propio tiempo, indiferencia e incluso placer ante el de otro. De eso trata, poco más, poco menos, este pequeño texto que escribimos recientemente y que compartimos con todos ustedes. ¡Feliz fin de semana para todos! Hasta la próxima.

Estambul-II

ESTAMBUL

Hoy no vi enseñas de Turquía en el Facebook,
nadie lloró por la herida a Estambul.
¿Será porque tiene Bizancio un brown look
tal que aullar su sangre no te hace cool?

No hubo laptop, tablet, iMac ni notebook
que colgara un texto de acedia azul.
Halló Constantinopla un «not in my book»
en quien por Aylan se rasgaba el tul.

Tampoco vi diatribas cuando Orlando,
cuando Iguala, Bruselas, Nochixtlán,
en el muro de quien anda juzgando

a moda y capricho a un mismo Satán.
Matar gente inerme es crimen nefando,
así sea en Francia, en Siria o en Sudán.