MÉXICO, MI PAÍS (Oaxaca Grita) (Alto a la represión)

Queridísimos cómplices, amigos y hermanos, los abominables e inadmisibles crímenes de Estado cometidos por las presuntas fuerzas de seguridad federales este fin de semana en la comunidad de Nochixtlán, Oaxaca, México, contra maestros y ciudadanos dignos y valerosos que se han manifestado con firmeza y gallardía, jugándose el pellejo, a la mal llamada reforma educativa nacional, que no reforma nada sino que empeora aún más al desahuciado sistema educativo vigente en nuestro país, nos ha obligado a precipitar nuestra vuelta, tras una involuntaria pero obligada ausencia de casi ocho meses, debida a un cáncer que le fue diagnosticado en diciembre a uno de nuestros entrañables compañeros fundadores, tan dañino y agresivo como el cáncer social que aqueja a nuestra nación, que trascendió las fronteras del cuerpo y la individualidad y se le fue a alojar, para crear estragos, en un órgano vital del sistema respiratorio.

Hoy, afortunadamente, esa difícil lucha individual y grupal está casi ganada, por lo que, adelantando vísperas y quemando algunas de las etapas de convalecencia y recuperación médicamente estipuladas, nos permitimos regresar a este querido y extrañado foro, con todos ustedes, para darles a conocer nuestra opinión y nuestra palabra sobre los trágicos e intolerables hechos sangrientos que están teniendo lugar al interior de nuestras fronteras nacionales, sin excepción, pero actualmente, de manera particular, en la señalada población oaxaqueña.

Esperamos, como siempre, que resulte de su interés y agrado, y que les deje un poquito, aunque sea, de reflexión y provecho.

Saludos y abrazos para cada uno.

 

 

OAXACA

 

 

MÉXICO, MI PAÍS (Oaxaca Grita) (Alto a la represión)

 

México, mi país, es el quinto territorio más extenso de América.

México, mi país, tuvo alguna vez tres de las civilizaciones más avanzadas del mundo prehispánico.

México, mi país, fue alguna vez el virreinato americano más grande e importante de la Colonia española.

México, mi país, fue una de las primeras naciones del continente que se independizaron del yugo europeo.

México, mi país, fue escenario de la primera revolución popular del siglo XX en América Latina.

México alguna vez tuvo Nezahualcóyotls y Pakales y Cárdenas y Vasconcelos y Casos y Sierras y Torres Bodet en las estructuras y sedes de gobierno y educativas.

México, mi país, alguna vez tuvo sangre en las venas, memoria, dignidad, orgullo, amor, amor propio, solidaridad, arrojo, huevos.

México, mi país, alguna vez tuvo calmecacs y telpochcallis, colegios, seminarios, universidades, escuelas, alumnos y profesores no solo urbanos, sino sobre todo rurales.

Hoy México, mi país, no tiene ya nada de ello, salvo un puñado de instituciones educativas aún gloriosas y combativas y el tamaño de su territorio, que escapa a sus potestades.

Hoy en México, mi país, la guerra del Gobierno no es contra un ejército invasor sino contra sus propios hijos, sus estudiantes, sus periodistas, sus maestros.

Hoy en México, mi país, la sangre no está ya más en sus venas sino que corre furiosa por sus calles, por sus avenidas, en sus campos, en sus casas.

México, mi país, es hoy un camposanto, un calabozo, una ergástula, un gulag, una mazmorra.

En México, mi país, como en otros países en otras épocas, las fuerzas del Estado disparan a sangre fría contra el pueblo desarmado, inocente, despojado.

En México, mi país, el tirano en el poder y su camarilla de truhanes, que no han leído ni un solo libro, masacran a quienes usan y defienden la palabra, el conocimiento y la educación como medio privilegiado y sine qua non para lograr un país mejor, más justo, avanzado, equitativo y democrático.

En México, mi país, los libros, los lápices, los cuadernos, los anteojos, los compases y los transportadores, los cuerpos, las vísceras y los sesos de jóvenes y adultos no están más  en las aulas sino regados en los caminos, las plazas y las carreteras, a manos de quienes nunca abrieron de par un par un libro sino solo, a diario, la chequera y la billetera.

En México, mi país, quieren matar las ideas, la esperanza, el mañana, la mañana.

Están matando los libros, la palabra; a sus lectores, a sus autores, a sus promotores, a sus transmisores, a quienes la enseñan, a quienes la aprenden para después enseñarla y transmitirla y defenderla.

Ayer nos hervía la sangre y se nos destemplaban el hígado, el cerebro y las gónadas ante cualquier injusticia, abuso, despojo, atropello, pillería. Hoy lo soslayamos, lo minimizamos y lo olvidamos, dándole la espalda para reírnos, divertirnos y disfrutar de las cosas insulsas, frívolas, plásticas y egoístas de las que nos han hecho adictos y dependientes para secarnos e inutilizarnos la sangre, los órganos y, sobre todo, las neuronas.

En México, mi país, la gente mienta madres, maldice, despotrica y a veces hasta se frustra y mortifica porque el peor producto chatarra del capitalismo local, la aristocrática selección nacional de futbol, sea goleada con justicia, o porque le prohíban circular un día más su coche chatarra o de lujo por una de las ciudades capitales más contaminadas, sucias e incivilizadas del hemisferio, pero calla, se voltea e incluso, en no pocas ocasiones, aplaude, festeja y justifica que al pueblo sobajado lo defrauden majadera e impunemente en las urnas cada seis años o, peor aún, que el narcogobierno desaparezca de la faz de la Tierra a cuarenta y tres humildes aprendices de profesores, torture y masacre y censure y despida a periodistas y fotoperiodistas, y balee con saña y apalee a los maestros humildes y valientes y dignos de nuestro pueblo humilde y ya no sé qué tan valiente y digno.

En México, mi país, como diría el poeta y cantor, “¡qué tristeza / la pobreza / y el rencor!”.

En México, mi país, no tengo idea de cuándo ni qué nos hará decir basta, qué nos dolerá como si fuera nuestro, propio.

En México, mi país, la televisión y la radio y el internet han podido hacer sucumbir los libros, las ideas y la inteligencia, pero, lo que es peor, la sangre, el amor y las gónadas.

En México, mi país, ya no creemos en nadie, en nada, ni en nosotros mismos. Solo en el dios, como en los primeros tiempos, por eso ya no tenemos nada, o porque ya nos lo quitaron todo.

En México, mi país, solo nos importan nuestras familias y nuestros amigos, como si los demás fueran animales repulsivos de otra inferior y degradada especie.

En México, mi país, votamos por pillos o permitimos, cómplices, cobardes u omisos, que lleguen “haiga sido como haiga sido”.

En México, mi país, los únicos empleados que quedan con seguridad social y pensión jubilatoria vitalicia son los autodenominado expresidentes de la república.

En México, mi país, cada quien marcha y protesta solo cuando se ven afectados sus propios gremios o intereses de grupo.

En México, mi país, condenamos algunas masacres y obviamos otras, nos solidarizamos con algunas víctimas y nos deslindamos de otras, vituperamos públicamente, hasta rasgarnos las vestiduras, a algunos verdugos y terroristas, y hacemos mutis o hasta sonreímos en privado respecto de otros.

En México, mi país, nos alcanzó la muerte, la deshumanización, la estupidez, la cobardía, el valemadrismo, la insensibilidad, el egoísmo y la miseria, no solo económica, sino moral e intelectual.

En México, mi país, hoy que todos y cada uno debiéramos ser maestros y profesores oaxaqueños y mexicanos, es decir, un colosal nosotros, somos, en cambio, ridículos y miserables yo, tú, él, atomizados, mudos, ya desde ahorita no futuro luminoso, sino oscuro y enterrado y no aprendido pasado.